70 DIAS DE DESGOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ

23.08.2018

A principios de mes se tuvo conocimiento de los primeros datos del CIS, desde que el gobierno socialista de Pedro Sánchez llegó al poder. Y las cifras arrojadas por este barómetro generaron una amplia polémica en la opinión pública por la generalizada sospecha de que estuvieran manipuladas.

 

A pesar de no contar con el efecto Pablo Casado, toda vez que éste ha llegado a la presidencia del Partido Popular, la diferencia que el PSOE saca a Ciudadanos y al Partido Popular(ambos empatados), se hace costosa de creer para numerosos expertos en la materia. Y es que si bien la mayoría de las encuestas sitúan al PSOE como primera fuerza política por lo que se conoce en politología como “efecto luna de miel”(y que no es más que vulgar peloteo), no deja de extrañar que para la mayoría de encuestas sea tan solo de unos pocos puntos porcentuales, mientras que para la cocina del CIS dicha diferencia es de más de un 9%.

 

Lo que queda claro es que Pedro Sánchez tiene un interés especial en conseguir una ventaja solida en la encuestas, con el fin de convocar elecciones generales en cuanto le pueda ser necesario, pues no deja de ser un gobierno débil e inestable sostenido por los separatistas catalanes, que en cualquier momento podrían volver a tensionar la situación. Una hipótesis que de concretarse, podría hacer perder numerosos votos al PSOE en favor de Ciudadanos, un partido que aunque pueda perder numerosos votantes derechistas que estaban disgustados con las políticas Soraya Sáenz de Santamaría y que ahora presumiblemente volverían a votar el PP de Pablo Casado, podría conseguir otros al ser ahora el único partido de centro derecha que competiría por el voto centrista con el PSOE.

 

Los indicios que levantan la sospecha de que Pedro Sánchez no querría acabar la legislatura, se empezaron a vislumbrar con el gobierno tecnócrata que creó, donde además de Josep Borrell, vinculado a una Sociedad Civil Catalana conectada en mayor o menor medida con Ciudadanos, se sumaban los sorprendentes fichajes de Grande Marlaska, Pedro Duque o Pedro Baños, finalmente malogrado por los insultos de periodistas atlantistas como Hermann Tertsch, Jiménez Losantos o Jose Ignacio Torreblanca, que pocos días después quedó en el paro.

 

Pero una cosa es contentar de cara a la galería y otra es gobernar. Y siendo objetivos, la gestión de Pedro Sánchez en este mes y poco de gobierno ha sido lamentable, toda vez que rescató al buque Aquarius junto a las costas italianas ante la negativa de hacerlo por parte del Ministro del Interior italiano Matteo Salvini. Un hecho que ha ocasionado un efecto llamada que ha originado un asalto a la frontera de Ceuta y una avalancha de pateras a las costas españolas, que a estas alturas Sánchez  está intentando contener apresuradamente con la ayuda de la Unión Europea. Y es que los votos que el PSOE pretendía arrebatar a un Podemos en caída libre por no querer ser un Movimiento 5 Estrellas, sino una nueva Izquierda Unida, finalmente podría terminar perdiéndolos a favor de Ciudadanos, una vez visto el peregrinaje de Albert Rivera a la frontera de Ceuta para denunciar la situación.

 

Comprobado que Pedro Sánchez ha delegado la gestión de la crisis migratoria a la Unión Europea, nos enteramos que vuelve a posponer la profanación de los restos de Francisco Franco, pues bien sabe que si la cosa le va mal tendrá que montar un espectáculo necrófilo para desviar la atención mediática. Y es que el  gobierno de Pedro Sánchez pende de un hilo ante la cada vez mayor deuda y ante el presumible incumplimiento del déficit con la UE por la elevación del techo de gasto  público que ha realizado.

 

El otoño se presenta caliente ante el aumento desproporcionado de impuestos que quiere realizar Pedro Sánchez para que le cuadren los números. No puede fallar, si lo hace el PSOE acabará como el PASOK griego, el Partido Socialista francés o el Partido Demócrata italiano. Pedro Sánchez lo sabe, veremos hasta dónde está dispuesto a llegar para mantener e